El Westie es, para muchos expertos, el perro del siglo XXI.
A principios de siglo el aspecto del westie se asemeja todavía mucho al Cairn.

Las dos Guerras Mundiales supusieron la desaparición de muchos ejemplares y que por dos veces se comenzase la raza a partir de un escaso número de ejemplares, ya que entre 1917 y 1918 se prohibió la cría de animales ante la imposibilidad de poder alimentarlos.

A partir de 1946 el aspecto del westie se parece más al que conocemos hoy en día con la diferencia de que era algo más pequeño.

Tras unas décadas de introducción en numerosos países y de consolidación en las cinofilias más avanzadas, el West Highland se perfila como un de las razas más popular y conocida.

Lo que ha contribuido al éxito del westie es su color blanco, su aspecto de perro-peluche y su encantador carácter, que lo hacen ser el compañero ideal en muchos hogares, además de ser un espectacular perro de exposición.

El westie se ha adaptado admirablemente a la vida ciudadana y social que les ha tocado vivir, sin perder el espíritu independiente y travieso.
Se le considerada como el “eterno cachorro” porque conserva a lo largo de su vida la ingenuidad, alegría y espontaneidad, que es su principal encanto.

Su capa blanca de pelo duro junto a su compacto tamaño, la gracia de su porte, su mirada de pícaro independiente, su fortaleza y valentía lo han colocado en los primeros puestos de preferencia de personas de cualquier edad y condición.